sábado, 15 de febrero de 2014

Combatir la desigualdad

Podríamos definir la desigualdad como la diferencia entre los ingresos del 20% de los ciudadanos más ricos de un país y el 20% más pobre. En esta entrada trataré solamente la desigualdad dentro de un mismo país. Por supuesto, la desigualdad entre los países ricos y pobres es mucho mayor y mucho más grave, ya que por ella mueren millones de personas de hambre y enfermedades evitables. Pero las medidas necesarias para combatirla son muy diferentes.






En 2011 el 20% más rico de los españoles ganaba 7,5 veces más que el 20% más pobre. En cambio, en Noruega la diferencia es de solo 3,3 veces. Esto no parece necesariamente malo en sí. No parece intrínsecamente malo que haya ricos y pobres; lo intrínsecamente malo es que haya personas que no puedan satisfacer dignamente sus necesidades de comida, calor y vivienda.

Pero el problema es que dejar crecer la desigualdad empeora progresivamente la situación de la inmensa mayoría de la población y hace al país más vulnerable a las crisis económicas. Porque si los ingresos están repartidos de una forma más homogénea, hay más empleos (más gente tiene dinero para gastarlo en bienes y servicios diversos, que han de proporcionarse sirviéndose de otras personas), mejor pagados y el país es económicamente más estable. En cambio, la concentración de ingresos en un sector reducido de la población crea menos empleos (los empleos generados por cada unidad monetaria de más ingresada por los más ricos son muy inferiores a si esa unidad la ingresan los más pobres) y fomenta la economía especulativa, las burbujas y los reventones.


Por ejemplo, dice Paul Krugman: "Después de que estallase la crisis, el trasvase continuo de los ingresos de la clase media a una pequeña élite lastró la demanda de los consumidores, de manera que la desigualdad tiene que ver tanto con la crisis económica como con la debilidad de la recuperación posterior."

Según el Fondo Monetario Internacional, la igualdad económica favorece el crecimiento de un país más que la baja corrupción, la baja deuda, el libre comercio o la inversión extranjera.

Un reciente metaestudio basado la comparación de más de 150 artículos científicos revela que los países con mayores desigualdades económicas tienen mayores problemas de salud mental y drogas, menores niveles de salud física, menor esperanza de vida, peores rendimientos académicos y mayores índices de embarazos juveniles no deseados. 

Suscribo por tanto las siguientes propuestas del artículo Intervenir en el mercado publicado por Pedro Saura García en El País del 28 de enero de 2014:


  1. Apuesta decidida por unas relaciones económicas internacionales que eviten el dumping social, medioambiental y sanitario.
  2. Evitar la competencia a la baja de los impuestos entre países.
  3. Combatir los paraísos fiscales, idealmente hasta conseguir la total transparencia de las finanzas internacionales, tanto empresariales como personales.
  4. Educación que elimine cualquier tipo de segregación.
  5. Impuestos altos sobre sucesiones y grandes fortunas.
  6. Política económica que gravite sobre la incorporación de la innovación y el conocimiento.
  7. Políticas públicas que estimulen la participación de los trabajadores en la toma de decisiones de la empresa.
  8. Mayor transparencia para que los accionistas y los trabajadores conozcan las razones que explican los emolumentos de sus ejecutivos y directivos.
  9. Negociación colectiva equilibrada entre trabajadores y empresarios que evite condiciones de trabajo y salarios indignos.
  10. Reforma del mercado de trabajo que permita un empleo más estable al principio de la vida laboral de los jóvenes.
  11. Incremento del salario mínimo acompasado al aprendizaje y a la productividad del trabajador.
  12. Regeneración de nuestras instituciones que elimine privilegios de todo tipo, posibilitando una verdadera competencia en los mercados de bienes y servicios.
  13. Igualdad en el acceso al crédito de todoslos empresarios.
  14. Que paguen impuestos los que no lo hacen.
  15. Asignación por méritos objetivos y contrastados de los puestos no políticos en los organismos que controlan el mercado y luchan contra el fraude (Agencia Tributaria, Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, Tribunal de Cuentas, Banco de España, etc.) en vez de asignarlos por amiguismo, fidelidad o conveniencia política.
En todo caso, añado, la mejor forma de combatir la desigualdad es consiguiendo que el paro sea bajo (inferior al 5%) sin rebajar el salario mínimo. Esto se logra, por un lado, combatiendo eficazmente el fraude fiscal (cosa que produce mucho mejores resultados que freír a impuestos a los ricos) y pagando con el dinero recaudado una buena educación, una buena sanidad y unos buenos centros de cuidado de niños y mayores (todo ello genera muchísimos empleos). Y por otro lado, formando a los trabajadores en los conocimientos que el mercado requiere (esto ya lo he dicho varias veces en este blog, pero lo seguiré repitiendo hasta que suceda).

23 comentarios:

  1. Solo es posible con una izquierda reformista que, reprimiendo la tentación de jugar a Robin Hood (quitar a los ricos para dar a los pobres), opte por políticas verdaderamente universalistas. Una educación, sanidad, políticas de ayuda a la familia que alcancen a todos, o a la inmensa mayoría de la ciudadanía. Si las políticas están basadas en la concepción de que distintos ciudadanos comparten un mismo destino, generaremos cohesión social. En lugar del ideal de Robin Hood (que antepone la justicia distributiva a otras consideraciones), el ideal de esta izquierda reformista podríamos decir que es el de los mosqueteros (o sea, dar preferencia a la solidaridad social): el uno para todos y todos para uno.

    La izquierda reformista europea aprendió que renunciar a una redistribución directa (impuestos a los ricos y gasto social para los pobres) hoy puede facilitar una redistribución más sostenible mañana, porque el pastel de lo público crece. Es más fácil inducir a las clases medias-altas a pagar impuestos elevados —y a que se impliquen en la incesante y ardua tarea de mejorar la eficiencia de los servicios públicos— cuando estas se benefician también de las políticas sociales.

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  2. Es una amenaza a la gobernabilidad de la democracia —lo ha recordado hace poco Zygmunt Bauman— porque afecta a la capacidad de la ciudadanía para contribuir informada y racionalmente a la política. Conocemos cómo se gesta esta discriminación: en comparación con los padres de menor renta, los de mayores ingresos acompañan a sus hijos a más actividades extraescolares y sociales, desarrollando en ellos habilidades de influencia y activismo cívico; invierten más tiempo en ayudar en las tareas escolares, con lo que los hijos obtienen mejores resultados en inglés y matemáticas, incrementando las posibilidades de acceso a universidades de élite; dedican más tiempo al desarrollo de sus hijos, más allá de su cuidado físico, como leer, charlar, jugar, dotándoles de un carácter independiente y asertivo. El diferencial creciente de capital económico, social, cognitivo y psicológico entre clases lleva a una sociedad de castas sin circulación.

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  3. La OCDE propone en este contexto que los gobiernos actúen eliminando las deducciones fiscales que demuestren haber beneficiado “desproporcionadamente” a los más pudientes, explorar vías para armonizar las tasas sobre la riqueza y el trabajo y evitar las maniobras legales de evasión fiscal que permite a las multinacionales pagar unos tributos inferiores a los que corresponderían por sus ingresos.

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  4. La desigualdad puede ser revertida mediante la acción del Estado. Si no lo hace, la democracia correrá peligro, ya que la minoría más rica, para conservar su riqueza, comprará políticos que la sirvan.

    Para ello propone un impuesto sobre la propiedad del 1% para los ricos y del 2% para los más ricos.

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  5. El pronóstico de Piketty sobre niveles aún más altos de desigualdad no refleja las inexorables leyes de la economía. Simples cambios – incluyendo la aplicación de niveles más altos de impuestos a las ganancias de capital y las herencias, un mayor gasto para ampliar el acceso a la educación, la aplicación rigurosa de las leyes antimonopolio, reformas a la gobernanza corporativa que contengan los salarios de los ejecutivos, y regulaciones financieras que frenen la capacidad de los bancos para explotar al resto de la sociedad – reducirían la desigualdad y aumentarían la igualdad de oportunidades de manera muy notable.

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  6. El patrimonio de los estadounidenses está creciendo rápido desde el final de la última crisis financiera, sobre todo entre los que tienen activos financieros (para los que viven de su sueldo, la recuperación está estancada). Pero lo está haciendo a un ritmo muy superior a la renta disponible y eso es la más clara indicación de que se acerca otra recesión. La brecha en este indicador es ahora la mayor desde la Gran Depresión.

    La diferencia llevó a Credit Suisse a activar las alarmas. Sus analistas están incómodos. Lo normal es que la riqueza personal sea cuatro o cinco veces superior a los ingresos. Ahora es de 6,5 veces. Solo en tres ocasiones en el último siglo se superaron las seis veces, y precedieron a grandes crisis. Antes de estas, el patrimonio personal se dispara y emergen así grandes burbujas de activos. La historia indica que después se desinflan de golpe.

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  7. La desigualdad extrema es evitable. Es una cuestión de prioridades y de voluntad política.

    Es necesario que la ciudadanía se implique para dar un golpe de timón a esta deriva y apostar por un nuevo paradigma social más austero en cuanto al consumo, más rico en lo social y, sobre todo, más justo y equitativo.

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  8. Un informe de la OCDE acredita que la desigualdad en una sociedad tiene consecuencias económicas adversas sobre el crecimiento: los hijos de los padres menos instruidos tienen mayores dificultades para aportar su talento a la sociedad.

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  9. Los autores del estudio 'Aprendizaje y ciclo vital. La desigualdad de oportunidades desde la educación preescolar hasta la edad adulta' han descubierto que es en la educación más temprana, sobre todo entre los 0 y 6 años, cuando la escuela puede compensar en mayor medida las diferencias de renta de las familias.

    «En esas edades la educación escolar beneficia el 100% más a los hijos de las familias más desfavorecidas. Es el gasto más redistributivo. El gasto más eficiente coste/beneficio», según explicó Héctor Cebolla, uno de los tres autores del informe, financiado por la Fundación La Caixa.

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  10. Durante más de tres décadas ha habido un consenso amplio sobre que el subir los impuestos a los ricos y aumentar las ayudas a los pobres perjudica el crecimiento económico. Los progresistas lo han considerado un sacrificio que valía la pena, mientras que los conservadores han insistido en que la mejor política consiste en rebajar los impuestos a los ricos y recortar las ayudas a los pobres, de modo que la riqueza se filtre de arriba a abajo.

    Pero ahora hay cada vez más pruebas que respaldan un nuevo punto de vista: lo que daña el crecimiento es la propia desigualdad, y combatirla lo favorece. Lo dice Standard & Poor's: la redistribución de los ingresos a una escala propia de los países desarrollados se “relaciona significativamente con un crecimiento más elevado y duradero”. Es decir, no hay indicios de que enriquecer más a los ricos enriquezca al país en su conjunto, pero hay pruebas fehacientes de los beneficios que tiene mitigar la pobreza de los pobres.

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  11. La polarización del empleo está relacionada con las interacciones entre las máquinas y el trabajo humano: aquellos empleos que requieren de niveles de habilidad medios y cuyas actividades son rutinarias (empleos manuales rutinarios o empleos administrativos) están en declive, mientras que los empleos emergentes están radicados en ambos extremos de la cualificación. Por una parte, a medida que las sociedades se desarrollan, están emergiendo empleos que si bien requieren bajos niveles de cualificación necesitan fuertes dosis de adaptabilidad e interactividad —especialmente se incluyen aquí empleos relacionados con servicios y cuidados personales—. Por otra parte, también están emergiendo aquellos empleos que requieren de la realización de actividades cognitivas, que precisan de alta cualificación.

    Los trabajadores de mayor edad son los claros perdedores de este proceso por su menor capacidad de adaptación a los empleos emergentes.

    Las sociedades debieran comprometerse con la enseñanza de habilidades cognitivas desde la educación primaria y secundaria para todos los ciudadanos. La resolución de problemas, la creatividad, la capacidad de adaptación y convivencia con el mundo de la tecnología y la comunicación desde los niveles básicos hasta los más avanzados debieran ser asequibles para todo aquel ciudadano que lo deseara. De este modo, partiendo de la igualdad de oportunidades, podríamos tender hacia una sociedad menos desigual.

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  12. El informe hecho público el 21 de mayo de 2015 señala que el incremento del coeficiente Gini (el más común para medir la desigualdad) entre 1985 y 2005 de dos puntos en 19 países de la OCDE erosionó en 4,7 puntos porcentuales el crecimiento acumulado entre 1990 y 2010.

    La mayor desigualdad económica se traslada rápidamente a una peor formación para los más pobres, lo que supone un gran desperdicio de potencial y reduce la movilidad social. Y, al revés, el trabajo de la OCDE apunta a que, por cada punto del coeficiente Gini que se reduce la desigualdad, la economía se acelera en 0,8 puntos porcentuales en los cinco años siguientes.

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  13. Estados Unidos está exportando la preocupación y los debates sobre la desigualdad, lo cual es muy bueno, pero también diagnósticos y soluciones que pueden ser válidos en unos países y no en otros. Las causas de la desigualdad en Estados Unidos o Europa no son las mismas de China, Brasil o Arabia Saudita. Por lo tanto, la manera de enfrentarlas también debe ser distinta.

    Desde 1980, la brecha entre ricos y pobres ha aumentado de manera alarmante en Estados Unidos y el Reino Unido. En cambio, el incremento ha sido mucho menor en Alemania, Italia, Holanda, Canadá y Japón. Y hay países donde las desigualdades se han atenuado, como Francia. En América Latina la desigualdad sigue siendo enorme, pero en la última década disminuyó, especialmente en Brasil.

    Esta variedad de experiencias significa que las fuerzas que determinan la desigualdad son muy diferentes. Por tanto, aplicar las mismas medidas en todos los países puede efectivamente reducir la desigualdad en algunos, pero aumentarla en otros. Hace falta estudiar las causas de la desigualdad en cada país y tomar en ese país las mejores medidas contra esas causas específicas.

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  14. Cuanto más concentrada está riqueza en pocas manos, menor es el crecimiento de un país. El Fondo Monetario Internacional presentó el 15 de junio de 2015 un informe en el que advierte de que el aumento de la brecha social en un país supone un freno para el crecimiento económico En datos, si el 20% de la población más favorecida de un país aumenta un punto porcentual su cuota de ingresos, el aumento del PIB de ese país es un 0,08% más bajo en los cinco años siguientes.

    En cambio, si es el 20% más bajo de un país el que incrementa un punto sus ingresos, entonces el crecimiento es un 0,38% mayor.

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  15. El combate contra la exclusión social tiene dos instrumentos fundamentales. El primero es una red de protección que impida a las personas perder lo más valioso que tienen: la dignidad. Para ello necesitamos fortalecer los programas de rentas mínimas. Éstas llegan a un tercio de los hogares sin ingresos y varían entre los 662 euros del País Vasco y los 300 euros de Murcia y Ceuta. Necesitamos un programa federal que coordine estas rentas mínimas para que desaparezcan unas diferencias tan abismales entre territorios.

    El segundo de los instrumentos es la creación de empleo. O por lo menos eso sucedía hasta antes de la reforma laboral. En estos momentos, dada la precariedad y la desprotección que sufren los trabajadores, tener un empleo no garantiza salir del riesgo de pobreza. No es cierto que “la mejor política social es la creación de empleo”. Así, todos los cambios que establezcan mejores condiciones laborales permitirán reducir la exclusión social.

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  16. En el conjunto de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) la diferencia media entre el 10% más rico y el 10% más pobre es de diez a uno, siete veces más alta que hace un cuarto de siglo. En el caso de España la diferencia se incrementa hasta doce a uno.

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  17. La desigualdad no solo debe ser combatida por sus destructivas consecuencias sociales, sino porque es el factor con cada vez mayor repercusión sobre el crecimiento y por su contribución al estancamiento. A más desigualdad menores salarios, mayor descapitalización de los trabajadores, aumento del desempleo estructural —o que se conoce como histéresis— y menos demanda.

    En Estados Unidos ha quedado demostrado que complementar infrasalarios con ayudas condena a la pobreza extrema a los trabajadores que no pueden acceder a dichos complementos —jóvenes, personas sin hijos o que viven solas—, e incentiva la generalización y mantenimiento de esos infrasalarios. Ello ancla a todos esos trabajadores en la pobreza, reciban o no ayudas, en vez de contribuir a que abandonen esa situación. De facto se subsidian salarios de miseria en importantes sectores.

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  18. Hay coincidencia entre dos bandos de economistas y lo que dice el FMI: la desigualdad puede socavar el progreso social, causar la inestabilidad política y económica que reduce la inversión, y rebajar el consenso social necesario para moderar los efectos de posibles shocks macroeconómicos adversos, limitando el ritmo y la duración del crecimiento.

    Luis Ayala, uno de los mejores expertos en temas de desigualdad, es de los que defienden que, para que España recupere el bienestar social perdido por décadas de inequidad, se precisa no solo crecimiento económico y creación de empleo, sino también modificar los rasgos básicos del modelo distributivo: bajos salarios, rentas del capital y limitaciones del sistema de prestaciones sociales.

    Ángel de la Fuente y Jorge Onrubia opinan, en cambio, que la prioridad es crear empleo y mejorar su calidad, con el fin de reducir la desigualdad en las rentas primarias —lo que, entre otras cosas, pasaría por resolver el grave problema que supone la dualidad del mercado de trabajo— así como políticas activas que permitan integrar al mayor número posible de personas en el mercado laboral, para lo que podría ser necesaria una subida de impuestos.

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  19. Göran Therborn destacan cómo la esperanza de vida de los norteamericanos que carecen de título universitario se redujo entre tres (los hombres) y cinco años (las mujeres) entre 1990 y 2008.

    Los individuos con rentas más altas ahorran entre el 15% y el 25% de sus ingresos; los de rentas más bajas gastan todos sus ingresos. Por ello, el aumento de la desigualdad reduce el consumo y la actividad económica.

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  20. Piketty sostiene que la retribución del capital avanza más rápido que la tasa de crecimiento de economía. Y eso conduce a una desigualdad cada vez mayor, porque mientras el ciudadano medio logra sus rentas fundamentalmente del trabajo, el 1% más rico las obtiene sobre todo de las inversiones de capital. De ahí que la brecha entre los dueños del capital y el resto vaya en aumento y lleve irremediablemente a una mayor concentración de la riqueza en unas pocas manos.

    Sin embargo, el analista del FMI Carlos Goés toma datos de las últimas tres décadas de 19 economías avanzadas en busca de indicios que sustenten las teorías de Piketty. Y no halla ninguna evidencia de estas dinámicas. Es más, observa justo lo contrario: en tres de cada cuatro casos, la desigualdad cayó cuando el retorno del capital creció más rápido que el PIB.

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  21. La OCDE considera el impuesto sobre la renta progresivo "constituye el más directo y poderoso instrumento para la redistribución de la renta"; aumentar sus tipos marginales y eliminar las deducciones que en su mayoría benefician a los poderosos "no necesariamente perjudica al crecimiento".

    Otro gran especialista, Anthony B. Atkinson, recuerda que el tipo superior en el IRPF que encontró Margaret Thatcher era del 83 %, y lo bajó al 40 %. Propone recuperarlo hasta el 65 % dentro de un paquete fiscal completo. Por el lado del ingreso, ampliando las bases impositivas (eliminar exenciones y deducciones); descuentos a las rentas del trabajo inferiores; fuerte tasación de las sucesiones y avance hacia el impuesto sobre el capital de Piketty.

    Por el lado del gasto, Atkinson propone oferta pública de empleo, salario mínimo suficiente y concertación social para mejorarlo; garantías estatales al ahorro popular; subvención a los niños, a nivel europeo; y elevar la ayuda de los países ricos al desarrollo al 1% de su PIB.

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  22. Para el economista Jonathan Tepper, la única manera de terminar con la creciente desigualdad en Estados Unidos es deshacer los monopolios propiciados por la ola de fusiones empresariales y evitar que vuelvan a crearse: repartir el poder económico para distribuir también el político.

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  23. 1. Supresión de la fiscalidad indirecta (excepto los impuestos ambientales, ya que producen un beneficio social al fomentar comportamientos más sostenibles).

    2. Incorporación de las rentas del capital a la escala progresiva de un impuesto único sobre la renta (destinado a financiar el gasto corriente, la inversión pública y el Estado social, incluyendo una renta básica), en lugar de la actual tributación proporcional (no progresiva) de los beneficios empresariales.

    3. Sistema de herencia universal, financiado con un impuesto progresivo sobre el patrimonio y otro sobre las sucesiones.

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